‘Come una statua’ …my somatic approach to live with singing (or any other everyday activity):

A sort of legacy from Burga Schwarzbach, Alexander Lowen, Kurt Widmer and Godfrey Devereux

At the center of vocal work lies not the consciously trained or controlled breath, but the involuntary, spontaneous breath. Through practices such as yoga or formal vocal training, it is certainly possible to develop a seemingly deeper breath. Virtuosic breathing exercises can create the impression of increased breath capacity. Yet when these exercises are no longer actively practiced, the same breathing patterns that existed before often reappear.

These patterns are not primarily a matter of breathing technique, but rather expressions of individual bodily tensions. They arise from long-established habits of posture and movement that are intrinsic to the body. Such tensions influence the degree to which the involuntary breath can unfold—and with it, the entire spectrum of vocal expression: freedom of movement on stage, dynamic range, volume, vocal roundness, expressive power, and tonal beauty.

Who breathes, lives.
When the breath stalls, the line stalls.
When the breath stalls, free life stalls.

For this reason, the work does not begin with the breath itself, but with fundamental principles of movement and principles of persistence within the body. These principles are not opposites; rather, they represent equally valid starting points rooted in different psychological dispositions. Principles of movement describe universal qualities. Principles of persistence describe equally universal tendencies. Neither principle is inherently right or wrong; both are expressions of individual organization and personal history.

To make these principles experientially accessible, the work often engages projection. Images of sculptures or artworks embodying particular qualities of ‘movement‘ or ‘persistence‘ are presented for feeling. The spontaneous responses of the viewer—attraction, rejection, resonance, or discomfort—offer insight into underlying bodily and psychological patterns. Through projection, internal organizational structures become visible without the need for direct correction or judgment.

These principles manifest particularly clearly in areas such as the legs, the rib cage, the arms, and the wrists. Extended or overly soft legs, a restricted rib cage, fixed forearms, overly soft hanging or held wrists directly influence both breath and voice. Extremes—excessive tension as well as excessive laxity—belong to the same structural family and lead to each other in a vicious circle.

Old patterns are calibrated or dissolved through specific movement patterns. A large part of the work initially takes place through movement alone, and then through singing or making music itself.

Somatic work aims to refine and to allow movement to re-emerge. Through sensing rather than forcing, through awareness rather than control, established patterns can begin to shift. As movement becomes possible to be free again, a new breath arises—not manufactured or trained, but spontaneous and involuntary.

This breath forms the foundation for vocal freedom, expressive depth, dynamic range, carrying power, and presence. It supports not only a coherent vocal line, but also freedom of movement in space and a fully embodied presence on stage.

Breath is movement.
Breath (movement) is life.



«Come una statua»…mi enfoque somático para vivir con el canto (o cualquier otra actividad cotidiana):
Una especie de legado de Burga Schwarzbach, Alexander Lowen, Kurt Widmer y Godfrey Devereux

En el centro del trabajo vocal no se encuentra la respiración entrenada o controlada conscientemente, sino la respiración involuntaria y espontánea. Mediante prácticas como el yoga o el entrenamiento vocal formal, sin duda es posible desarrollar una respiración aparentemente más profunda. Ejercicios respiratorios virtuosos pueden crear la impresión de una mayor capacidad pulmonar. Sin embargo, cuando estos ejercicios dejan de practicarse activamente, a menudo reaparecen los mismos patrones respiratorios que existían antes.

Estos patrones no son principalmente una cuestión de técnica respiratoria, sino más bien expresiones de tensiones corporales individuales. Surgen de hábitos de postura y movimiento establecidos desde hace mucho tiempo y que son intrínsecos al cuerpo. Tales tensiones influyen en el grado en que la respiración involuntaria puede desplegarse y, con ella, todo el espectro de la expresión vocal: la libertad de movimiento en el escenario, el rango dinámico, el volumen, la redondez de la voz, la fuerza expresiva y la belleza del tono.

Quien respira, vive.
Cuando la respiración se detiene, la línea se detiene.
Cuando la respiración se detiene, la vida libre se detiene.

Por esta razón, el trabajo no comienza con la respiración en sí, sino con principios fundamentales de movimiento y principios de persistencia dentro del cuerpo. Estos principios no son opuestos; más bien representan puntos de partida igualmente válidos, arraigados en diferentes disposiciones psicológicas. Los principios de movimiento describen cualidades universales. Los principios de persistencia describen tendencias igualmente universales. Ninguno de los dos principios es intrínsecamente correcto o incorrecto; ambos son expresiones de la organización individual y de la historia personal.

Para hacer estos principios accesibles a la experiencia, el trabajo suele recurrir a la proyección. Se presentan imágenes de esculturas u obras de arte que encarnan cualidades particulares de «movimiento» o «persistencia» para ser sentidas. Las respuestas espontáneas del observador —atracción, rechazo, resonancia o incomodidad— ofrecen una visión de los patrones corporales y psicológicos subyacentes. A través de la proyección, las estructuras internas de organización se hacen visibles sin necesidad de corrección directa ni de juicio.

Estos principios se manifiestan con especial claridad en zonas como las piernas, la caja torácica, los brazos y las muñecas. Piernas extendidas o excesivamente blandas, una caja torácica restringida, antebrazos fijos, muñecas demasiado blandas y colgantes o rígidamente sostenidas influyen directamente tanto en la respiración como en la voz. Los extremos —la tensión excesiva tanto como la laxitud excesiva— pertenecen a la misma familia estructural y se conducen mutuamente en un círculo vicioso.

Los patrones antiguos se calibran o se disuelven mediante patrones específicos de movimiento. Una gran parte del trabajo tiene lugar inicialmente solo a través del movimiento, y luego mediante el canto o la práctica musical en sí.

El trabajo somático busca afinar y permitir que el movimiento vuelva a emerger. A través de sentir en lugar de forzar, de la conciencia en lugar del control, los patrones establecidos pueden comenzar a transformarse. Cuando el movimiento vuelve a ser posible y libre, surge una nueva respiración: no fabricada ni entrenada, sino espontánea e involuntaria.

Esta respiración constituye la base de la libertad vocal, la profundidad expresiva, el rango dinámico, la capacidad de proyección y la presencia. Sostiene no solo una línea vocal coherente, sino también la libertad de movimiento en el espacio y una presencia plenamente encarnada en el escenario.

La respiración es movimiento.
La respiración (el movimiento) es vida.